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martes, 14 de diciembre de 2010

Se hizo Pobre, siendo Rico


“Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.”  (Lucas 2:12)

“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2Corintios 8:9)

“Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.” (Juan 1:16)

¡Oh, el cuadro de la Humillación del Hijo de Dios! Se hizo Pobre, siendo Rico.

Cuando miramos al niño en el pesebre, un arcoiris de sentimientos se despiertan en nuestro ser: ternura, admiración, compasión, adoración, turbación, alegría. Y es comprensible, ¡es el niño-Dios! La criatura envuelta en pañales es Emmanuel, Dios con nosotros. Estamos contemplando el milagro más grande de todos: La Encarnación. El misterio que encierra esta maravilla está ciertamente más allá de nuestro entendimiento.

Pero el apóstol Pablo lo explica de una manera muy práctica, al decir que por su Gracia Infinita, y por el Gran Amor con que nos amó, el Señor Jesucristo se hizo Pobre, siendo Rico. No, no entenderemos nunca cómo esto fue posible, cómo lo Infinito se encerró en lo finito, pero sí podemos saber que, por una decisión soberana de amor, fuimos la causa de ese milagro.

Sin embargo, aun pensando de manera práctica, ¡cuán grande es esta verdad: se hizo Pobre, siendo Rico!

Meditemos en esto por un momento: el Autor de la vida, necesitó del vientre de una mujer para ser concebido y formado; el Sustentador del universo, necesitó alimentarse de los pechos de María; el que desde la eternidad se vistió de magnificencia y se ciñó de poder, esta envuelto en míseros pañales; el que se sienta en un Trono alto y sublime que los cielos no pueden contener, yace en pobre pesebre dentro de un establo, habitación de animales; Aquel que despide los relámpagos que iluminan la tierra, es alumbrado por un pábilo que humea; Ese cuyos pensamientos son imposibles de alcanzar, de quien son la sabiduría, el consejo y la inteligencia, necesitó ser instruído. Siendo Señor, se hizo siervo… el clásico himno  lo expresa así:

Un rústico techo abrigo le da;
Por cuna un pesebre, por templo un portal;
En lecho de pajas incógnito está
Quien quiso a los astros su gloria prestar.

De esa manera ocurrió, el Señor, se hizo Pobre, siendo Rico.

Pero, aun si hubiera nacido en el palacio de Herodes, en cuna de marfil, acolchada con plumas, y cubierto con sábanas de seda, bordadas en hilos de oro de Ofir; aun recibiendo los honores y glorias imperiales que el mundo le pudiera ofrecer, persistiría la verdad: el Señor, se hizo Pobre, siendo Rico.
Y es que su Encarnación, fue su Humillación. El Hijo vino “en semejanza de carne de pecado” (Romanos 8:3); Él, “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:6-8).

Ese es el “código secreto” escondido en el cuadro del pesebre de Belén, esa es la respuesta a la pregunta:

¿Qué niño es éste que al dormir
En brazos de María
Pastores velan, ángeles
Le cantan melodías?

Tristemente, hay tantos que no ven el real espíritu de la natividad, y solo la relacionan con risas, regalos, banquetes, sonidos de cascabeles, reunión familiar. Se sienten dominados por un sentir colectivo, casi mágico, una especie de éxtasis de bondad, que les impulsa a promover las más bellas virtudes, tales como el amor, la paz, la fe y la solidaridad. Cantan:

Alegría! Alegría! Alegría!
Alegría! Alegría! y placer;
Que esta noche nace el niño,
En el portal de Belén.

Pero la vida de este “espíritu navideño” es muy breve, se va con la temporada, y todo vuelve a la “normalidad”; vuelve el vacío existencial, los prejuicios, la incredulidad, el odio, la desigualdad; el “tiempo de amar” ya pasó. Los adornos van,  junto con todas las emociones y bellos sentimientos, a sus cajas, para terminar olvidados en el closet, hasta la próxima festividad.    

Ah, pero la buena noticia es que el Señor se hizo Pobre, siendo Rico, ¡para enriquecernos! Y esto no como un acondicionamiento emocional estacional transitorio, sino como un estado permanente, absoluto, definitivo y eterno. Es tomar de Su Plenitud, gracia sobre gracia.

Si quieres ser realmente feliz a partir de ahora, en esta navidad no rías, no compartas mas la risa loca y sin sentido, más bien, ¡llora!  Sí, llora por tus pecados, reconoce que tu pobreza, tu deuda, es tan infinitamente grande, que el Hijo de Dios se despojó de riquezas infinitas para hacerte rico, para pagar tu deuda. Vé llorando en arrepentimiento ante el que se humilló para vestirte de ropas blancas, sentarte en lugares celestiales y hacerte coheredero con Él. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Ese es el verdadero mensaje de la navidad: ¡el Señor se hizo Pobre, siendo Rico! 

© Por Tony Castillo. Certeza de Pertenencia. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

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